¿Os acordáis de mi? Si, soy yo, el Prosi. Mes complicado, se me ha juntado todo, hemos tenido un viaje largo, problemas médicos, en fin, una locura. Normalmente esto de aquí sería una reseña más cualquiera como las que ya he estado haciendo sobre The Legend of Zelda: Oracle of Ages. Nada más lejos de la realidad.
Llevo un tiempo queriendo explorar a escribir sobre juegos, sí. Pero no sobre el juego en cuestión a nivel de análisis donde os planto 17.000 palabras y os la tenéis que leer entre películas de Dune para que no os de un síncope, sino más bien sobre aspectos o emociones que me han evocado o causado interés jugando a dicho juego de video. Por poneros un ejemplo, el siguiente texto sería (si todo va bien, y me apetece) sobre Nier Replicant, porque el pasar del tiempo y la repetición es algo que personalmente me llama la atención. Imagino que con esta sencilla explicación os habréis enterado un poco de cómo quiero enfocar la rola.
Como dice el chaval del canal este que cuando no está arreglando coches, está arreglando su casa: Vamos a ello.
Las pilas Juan, las pilas.
La verdad es que desconozco a ciencia cierta la edad media del lector del blog, pero imagino que la mayoría estáis entre veintipocos y treintaymuchos. Esto quiere decir que habréis podido tener en vuestras manos cosas tales como Game Boys, Nintendo Ds o si erais unos raritos, alguna Atari Lynx o una Game Gear. ¿Recordáis la última vez que la jugasteis de camino a algún lado, o fuera de casa?
Yo ya voy teniendo una edad, y era de la generación de las Advance. Tenía una horizontal color azul transparente, y una SP color plata, y solía jugar con la segunda en las excursiones del cole, por lo menos hasta ya segundo o tercero de la ESO donde con un móvil ya si eso emulaba lo que fuera. Por aquellos tiempos como mucho uno tenía 5 o 10GB de datos, así que tampoco daba como para ver Netflix precisamente.
Como os podréis imaginar, yo era el chaval raro con casi ya 14-15 años jugando a Pokémon Verde Hoja en un autobús dirección yo que sé, Antequera. Luego me pregunto por qué no se me acercaba gente, pero también tiene que ver que como buen adolescente, era un ser humano de segunda en proceso. Aún así, igual que recuerdo mirarme con asco pensando cómo podía actuar de qué maneras con esa edad, una cierta ternura se esconde detrás de esos ratitos donde con los cascos tan solo escuchaba el juego y sentía el traqueteo del autobús de turno.
No es que jugara poco en casa, pero con las tareas, mi perro recién adoptado, y que probablemente solo podía jugar cuando la televisión estaba libre, atesoraba esos ratitos cantidad. Además, por norma general, no jugaba a esos juegos en casa. Muchos tenían mi misma edad y ya estaban o bien pasados siete veces, o jamás lo había conseguido. Según os cuento esto, abro el cajón y veo que aun tengo una buena cantidad de esos juegos con sus partidas originales guardadas en el cajón de mi despacho, esperando que un gilipollas quiera pagar 200€ por cartucho.
Total, cosas como ese Pokémon, Metroid Zero Mission o Minish Cap eran las cosas más normales que uno podría ver en el chaval raro sentado en el bus y el tan feliz estaba. Y efectivamente, que feliz. ¿Sabéis la tranquilidad que le aporta a un chaval más raro que un piojo bilingüe poder meterse en su burbujita a jugar jueguitos aislado de los comentarios hirientes, la soledad o el simple ruido? Magnífico.
Mira la jeta que llevaba, como para no meterse conmigo si era el arquetipo de un nerd de manual. También era circa 2015, con la tontería hacen ya 11 años de esa foto. Escalofríos. Estamos hablando de los años en los que el anime, los juegos o intentar tener inteligencia emocional no habían entrado en el mundo mainstream. #wowers.


Con el pasar de los años, acabé usando más y más el móvil y a jugar menos en mi portátil porque total, podía mirar Instagram o Twitter en el móvil, no necesitaba gran cosa. Igualmente, también se acabaron las excursiones, y cuando viajaba no es que me iba llevando las consolas, así que todo eso se fue apagando poco a poco. Uno crece, es lo que se quiere decir a si mismo, pero la realidad es que simplemente el mundo adulto llega, te destruye, y lo que haces es agarrarte a lo que buenamente puedes. Puedes tener mala suerte, y agarrarte a cosas como el alcohol o las drogas. O puedes tener aun peor suerte y abrirte un canal de Twitch.
Aunque bueno, si con el canal de Twitch encuentras a la persona de tu vida, tan malo no habrá sido.
La segunda venida.
Cuando la adultez ya no me estaba dando palizas de muerte aunque si algún que otro navajazo entre las costillas así timidín, recuperé el amor por toquetear consolas, y empecé como ya he contado en alguna otra ocasión a coleccionar y arreglar consolas antiguas, entre ellas varias Nintendo portátiles o PSPs. He intentado pillar alguna Game Gear, pero en retrospectiva, ¿por qué pomelos haría eso?
Pero claro, que las arreglara no quería decir que jugara con ellas. Por aquel entonces, mayormente jugaba a lo que iba saliendo en PC por el hecho de retransmitirlo, hasta que poco a poco empecé a jugar más y más cosas retro en hardware original en el canal. Si, así es como se implantó en mi la idea que ha acabado en este blog como última iteración.
En un viaje a Madrid, por lo que sea, decidí llevarme una Game Boy Color que había arreglado. Tenía un panel nuevo y podía ver en lo oscuro, así que jugaba a un Romhack de Pokémon Cristal en el metro mientras acompañaba a Chori a hacer sus exámenes. Entonces lo recordé. Hostia, que divertido es jugar en una consola mientras vas (por ejemplo) en transporte público. Algo malo para los nervios por el tema de ir ultra paranoico por si te roban, pero por el resto una experiencia olvidada que yacía en lo profundo de mi psique.
Más tarde eso se manifestó en mi viaje a Paris, de donde sale la tan famosa foto de Final Fantasy IV mientras estoy en lo más alto. Agarrando la consola lo más fuerte posible y mis gafas porque estaba totalmente aterrado de la altura.


Veía a los niños jugar ahí, o en las cafeterías con sus Nintendo Switch pensando en el sentimiento que me traía de vuelta a esa tierna infancia o a esa no tan tierna adolescencia, y por otro lado pensando en lo peligroso que es sacar un cacharro de 300 euros a la calle sin por lo menos un algo agarrado a la muñeca para que no la pillen y echen a correr. Pero ahí estaba, pegando chilliditos o riéndose a carcajadas con el juego en cuestión, como si todo lo que pasara alrededor no existiera y estuvieran sumidos en un trance, aislados de todos y todo, y en pura y bella ignorancia disfrutando de la pantalla interactiva.
Y yo dije.
Yo también puedo jugar a eso.
La primera máquina.
No me escondo, me he gastado como 120€ en construir mi GBA Slate que ya muchos conoceréis porque hablé de ella en el post de Final Fantasy IV, pero es mi primera y preferida máquina de juegos portátiles. ¿Queréis saber el motivo mayor (o bueno, los motivos) de ello? Me fuerzo a jugar juegos portátiles en la consola portátil. Con el ademán de probar y jugar a cosas antiguas, no quería dejar de lado este modelo de juego. Además, es tan chiquita que es comodísima de llevar. Compré un EZ Flash Omega, se lo planté con todos los juegos que pude, y durante viajes como el de París, o ahora el de Italia que recién acabo de venir.
Cuando hacéis como nosotros, y os reventáis en cosa de una semana Milán, Bérgamo, Desenzano del Garda-Sirmione, Verona, Vicenza, Venecia y Bolonia, tendéis a pasar muchas horas sentados en el tren reventados de caminar tanto. Y es ahí cuando uno cae. En sitios donde quizás no hay buena cobertura (o directamente no la hay, como en los aviones de Ryanair), y no quieres fundirte la batería del móvil, una consola portátil como una GBA es simple y llanamente perfecta. Le he dado todo el viaje, absolutamente todo el viaje a Chori jugando a si, lo habéis adivinado, Zelda: Oracle of Ages.
¿Y sabéis qué? Es un juego portátil divertidísimo. Si, claro que puedes cogerte una Ayn Thor de estas nuevas, cargarle el Skyward Sword y jugarlo en la calle, pero coger una Game Boy, y jugar a un Zelda diseñado para ella fue una experiencia total. Y no es solo porque esté diseñado y pensado para jugarse en la calle en partidas cortas, sino que es un juego genial lo mires por donde lo mires.


He sentido una gran felicidad enfrentando sus diversos desafíos de igual manera que he sentido tedio porque el juego tiene TANTO contenido que llega hasta a cansar a veces. Es cómicamente largo para un juego de GBC, qué narices me estás contando. Y no solo largo, sino difícil de jugarlo y perderse también, aunque eso lo atribuyo más a que ya sabemos que los juegos antes eran simplemente más difíciles. He estado todo el viaje con el hasta los últimos dos días porque no quería cargar la escena correcta y tuve que terminarlo en casa, pero no en mi casa, sino en la de mis suegros.
Tras la vuelta del viaje y de echarle, yo que sé, unas 12 horas o más a un juego de portátil de 2001, tuvimos que pasar unos días más en casa de mis suegros. Claro, ¿Qué tenía yo para entretenerme allí fuera de mi móvil y el ordenador del trabajo que claramente no puedo usar para otra cosa que no sea el trabajo? Pues la GBA. Y tras arreglar el archivo de guardado, terminar el juego y ver los créditos.


Realmente llevo jugando a esto desde mediados de Febrero, y lo bonito es que a pesar de la de vueltas y contratiempos que ha tenido la vida este mes en mi persona, he podido elegir usar mi tiempo cuando he querido en esto, y que haya seguido ahí, esperándome partida tras partida. Siempre listo para retomarlo cuando el vivir me de un respiro.
No no, jugarme la secuela no, qué hostias, estoy de Zelda hasta las narices, no vuelvo a jugar hasta el año que viene. No me malinterpretéis, me ha encantado el juego y se nota que es una carta de amor que más tarde veríamos refinadas en fórmulas como Minish Cap, pero he tenido suficiente por ahora. Vaya juego más largo, la virgen.
Pe-pero Proxy, si no juegas luego al Seasons has jugado a la mitad del jueg- Estoy hasta las narices de Zelda ya, leñe.
Fue ahí donde me hizo click el tema de esta reseña.
Que yo a día de hoy siga jugando a la misma, si si, la misma consola de hace 23 años que jugaba cuando tenía 3 años, que he mantenido y cuidado hasta traspasarla a una nueva y potente carcasa, y que me sigue dando la misma o más diversión que antaño, y que ojalá se la de a mi descendencia cuando la tenga y el mundo no sea un yermo radiactivo.
Joder, es un sentimiento muy agradable, muy de calentarte el corazoncito.
Pienso y opino que los adultos necesitamos anclas, lugares a donde agarrarnos que sabemos que estarán siempre ahí como refugio, no sin dejar de lado la propia vida misma y arriesgarnos y sufrir y toda la pesca. Pero tener zonas seguras creo que es algo normal y que debemos defender, tan solo que tengan el tamaño adecuado y no controlen nuestra vida por miedo al qué pasará. Para mi, experiencias como estas donde puedo estar en un tren dirección a Brescia tranquilamente Zeldeando más tranquilo que nada son un ancla que me restauran y recuerdan de donde vengo y hacia donde voy.
¿Algo exagerado? Y que vais a hacer, ¿despedirme?
Los adultos ya no sentimos.
¿Cuándo fue la última vez que os sentasteis a jugar porque teníais genuinas ganas, y no por rutina o por desconectar del mundo a modo de escape? ¿La última vez que con una consola antigua conectasteis dos mandos y jugasteis con alguien a lo primero que se os ocurrió y os lo pasasteis bien? ¿Habéis cocinado alguna cosa que os gustaba de pequeño recientemente?
La nostalgia es un arma poderosa usada de manera correcta. En un mundo que cada vez es más hostil para los niños, y en el que los adultos cada vez salen más débiles en el sentido de que sentimos más que nuestros padres, y que ellos sentían más que nuestros abuelos. Un mundo que hace la vida imposible mientras pretende que solo existas para producir, procrear y consumir. Se pretende que estemos más de 8 horas en el trabajo, a las que se le suman las de desplazamiento, para luego tener que comprar porque hace falta, porque se ha roto la lavadora, hace falta comida. Han dado las 10 de la noche y estás en el sofá chupando anuncios por un tubo porque solo debes ganar dinero y trabajar, dinero para vivir, dinero para disfrutar.
Aquellos que, en un mundo que odia a su gente, odian a aquellos que eligen romper con la norma y disfrutar de verdad, sin necesidad de gastar dinero, sin necesidad de estar siempre produciendo, son unos estúpidos y no por ladrar a los que van contra su patrón van a ser tratados mejor. No seré yo, en mi carne y en mi sangre que brota cada vez que me corto, quien mire mal a un chaval que, a la espera de la psicóloga de la seguridad social, saque una New Nintendo 3DS XL y se ponga a jugar porque entre tarea y tarea y la ajetreada vida, se merece un respiro.
Porque si, yo pienso que sacarte una consola portátil y ponerte a jugar en el metro en vez de pensar en qué vas a cocinar cuando llegues a casa o los informes que te van a pedir esta mañana en el trabajo es antisistema. Meterte al baño durante 15 minutos en la oficina y en vez de ponerte a doomscrollear con el móvil y el TikiToki, sacarte la consola y echarte un Tetris es antisistema, y lo defenderé hasta mi último aliento.
En un mundo donde parar es morir, y producir es alimentar la maquinaria, yo digo:
Juega en tus descansos a lo que te hace feliz.
Cocina ese plato que toma tiempo, y que te calienta las entrañas cada vez que pegas un bocado.
Sal a que te de el sol en tu trabajo, aunque tengas que llevar un cigarrillo falso como para hacer que fumas y recibe esa vitamina D que tanto necesita nuestro cuerpo.
Ve a dar un paseo con tus amigos y que no acabe en copas o cervezas, sino en disfrutar sin necesidad de nada más salvo vuestra compañía.
Si el mundo adulto es hostil, a quien queremos engañar, normal que nos queramos escudar en una infancia donde al menos no se esperaba nada de nosotros y no éramos un engranaje más de la maquinaria.
Moraleja.
Aunque los años no pasen en vano, échale un ratito al juego que tienes en la mano.
Outro.
Justo mientras escribo esto, se anuncia que las PS5 y derivados van a subir de precio de nuevo por los flujos de la guerra, los precios de la RAM, la IA y hasta Hitler, posiblemente. Si el mundo presente hace todo lo que pueda para prohibirme mi ocio, entonces me iré atrás 10, 15, 20 años los que hagan falta, y rescataré de ahí mi ocio.
El aburrimiento es terrible, sí. Pero aún más terrible saciarlo con miles de videos de gilipolleces de Reels, o viendo la televisión de turno con la arpía de Susana Griso o el necrófago de Risto Mejide. Hay tanta cultura, conocimiento y diversión apartada ahí, cogiendo polvo, y que tan solo requiere de nuestro tiempo, que me parece hasta un insulto no aprovecharla.
Siempre que salgo a la calle y el momento lo permite, saco la GBA o la New Nintendo 3DS que recientemente adquirí y le echo un ratito. Lo mismo apenas juego, o tengo que dejarla suspendida porque tengo que seguir haciendo cosas fuera o tengo que coger el coche, pero me estoy aplicando eso antes de ponerme a mirar como un muerto en vida el móvil con un mono sonando los platillos dentro de mi cabeza.
Vaya chapa os he soltado, pero con suerte os hace pensar un poco. Son 3000 palabras casi de nada, yo confío en que sois capaces de leer algo tan cortito en comparación a cosas como Ninja Gaiden o Monkey Island.
Id con cuidado, disfrutad de la vida, decidle a la gente que queréis que la queréis, y robad en Mercadona.
Os quiere, vuestro Proxy de siempre.









