Así es, en efecto. No soy inmune a la propaganda. De hecho, ninguno de vosotros lo sois. Es por eso que estáis leyendo esto y no haciendo algo mejor ahora mismo, probablemente, porque ignoráis el hecho de que soy un maestro del marketing. Como muchos del mundo del videojuego os habréis enterado ya (se que tengo gente que me lee que realmente no juega videojuegos, lo cual me parece hardcore como poco), Diablo IV acaba de salir. «Pero Proxy, si salió en 2023.» En Early Access tal vez, pero ahora si que ha salido la 1.0.
Me explico, que se me da muy bien:
Diablo IV salió de verdadero culo, como una tortilla de patatas a la que no sabes darle la vuelta, medio cruda y difícilmente comestible. No es de extrañar, las oficinas de Blizzard ardían cada 20 minutos por escándalos con trabajadores, sindicatos, meteduras de mano y no se qué de leche materna. El juego salió rápido, sin terminar, y básicamente sintiéndose incompleto y mal hecho por todos lados. Pero bueno, se ve que han dejado (o espero que sea así) a los trabajadores desarrollar tranquilos, y para el lanzamiento de su segunda expansión, Lord of Hatred se ve que por fin arreglaron el juego.
O al menos eso dicen, no he jugado un ARPG en mi vida, así que mi criterio se basa en palabras de trolso y gente de la esfera. Que un juego se tire tres años siendo prácticamente incómodo de jugar, sin satisfacción ninguna y sistemas totalmente rotos me parece heavy de narices, pero allá cada empresa.
Volviendo a la propaganda, no fui inmune a ella. Así que, en mi clásico comportamiento de clavarme un aproximado de 27.694,56 agujas afiladas en la base de mis genitales, procedí a comenzar el curioso viaje de jugar Diablo I para ver dónde empezó el hype con este tipo de juegos. La respuesta al final del post te dejará helado. O no. ¡Yo que sé! Habrá un mono, eso si.
Acto 0: Instalación.
¿Qué? No me digáis que no echabais de menos mi ira contra la máquina, no os creerá nadie.
Algunos, los que más tiempo llevéis por aquí conmigo (gracias, por cierto) recordaréis la catástrofe que fue instalar Windows 98 en mi Gateway solo para jugar Monkey Island. No contento y aparentemente no habiendo aprendido de la experiencia, decidí hacer lo mismo para el Diablo.
Realmente podría haber corrido Diablo en Windows 98, pero un algo me dijo que posiblemente estaría más cómodo dejando ya el PC listo en XP. Realmente no es realista que solo juegue juegos del año de la Polka, y más bien el punto de juegos antiguos que más disfruto está en finales de los 90 y principios de los 2000. Empecé a buscar, y me decidí por el Service Pack 3, rezando para que las especificaciones del portátil fueran suficientes para aguantarlo.
Lo paso a un USB, intento instalar desde BIOS. Ah, la BIOS no detecta el boot desde USB. Genial. Miro de actualizar la BIOS. No puedo.
Miro de usar otro USB. No lo reconoce.
Ando probando con Rufus, con Easy2Boot. Cambio opciones, grabo unas 6 o 7 veces la ISO de Windows XP sin suerte ninguna.
Ahí ya iba por más o menos medio día que le había dedicado a instalar el sistema operativo. «No podía ser tan difícil, es estúpido» sonaba en bucle en mi cabeza.
Hasta que tuve una idea aun más estúpida.
Veréis, hoy en día no hace falta entrar desde la BIOS para lanzar un sistema operativo como Windows 10 u 11, puedes realmente lanzarlo desde el escritorio y ya el mismo tiene el programa instalado y se ocupa de todo.
Pues mira tu por donde, Windows XP ya podía hacer eso. Tan solo me quedaba encontrar una versión en español y listo. Desde aquí, mando un besito en el siemprelimpio para los archivadores de internet, que en su gran sabiduría tienen disponible todas las versiones de todos los idiomas disponibles para descarga.
Finalmente, XP.
Instalar Diablo ya fue sencillo. Pillé un programa que puede alojar las imágenes del disco del juego y como no andaba con ganas de ir a la tienda a por CD-ROMs, me vino de lujo. Un ratito instalando y por fin pude probar este increíble juego.
Acto 1: No veo tres en un burro.
Permitidme que os hable un poco de cómo va el juego, y luego me meto en vereda en condiciones.
La premisa del juego es sencilla, en realidad. De hecho, hasta casi el final del mismo no parece haber ni lore. La misión es la siguiente: Tienes que llegar a lo más profundo. Empiezas en una catedral que por algún motivo tiene cuatro sótanos, de ahí vas a unas criptas, a unas cuevas, al mismísimo infierno. Te bajas al arzobispo que estaba ligeramente enloquecido por el poder del señor de la noche digo el Señor Oscuro, y luego te bajas al Señor Oscuro, que estaba enloquecido por, bueno, ser el Señor Oscuro. En mi caso, escogí el guerrero, porque la idea de ir pegando espadazos a todo lo que se movía me resultaba francamente divertida.


Tienes un hub central, que viene a ser el pueblo de Tristan. Ahí la gente te vende y compra objetos, te da misiones y charlas varias. Cada vez que desbloqueas una zona de las mencionadas antes, si exploras un poco en el primer nivel de cada una, descubrirás una escalera que lleva directamente al pueblo, para que así si has tenido que ir a vender objetos o ir a por pociones (esto segundo es lo más probable) no tengas que darte un paseo de 15 minutos entre pisos.
Los pisos son 16, y cada uno en sí es un laberinto lleno de enemigos, trampas, cofres y misiones secundarias que nos aportarán experiencia para subir nuestros personajes, dinero y piezas de equipamiento para machacar a todo ser que se nos ponga delante. Una de las temáticas graciosas de esto es que por norma general no ves un pijo. Lo cual es curioso, porque todo el mundo sabe lo profundo que llegan los pijos que se creen guays por hacerse rayas en los baños.
El mapa está oscuro. Pero como el sobaco de un grillo. Mira que hay objetos que mejoran el radio de tu lámpara, pero ni con esas. También os digo, mi experiencia es jugando en una pantalla de hace veintipico años como Dios manda, así que experiencia más real que esta dudo que hubiera. En pantallas más modernas probablemente veáis algo más que yo, os lo recomiendo encarecidamente.
Puedes elegir entre guerrero, pícaro o mago. Uno es hábil con armas de combate cuerpo a cuerpo, otro con el arco y el tercero con magia. Por suerte, las builds son intercambiables siempre que tengas los requisitos necesarios para según que armas y magias. En mi caso, era guerrero, pero tenía tanta destreza y magia que aunque seguía siendo más fuerte a cuerpo a cuerpo, tenía posibilidad de usar magias fuertes y un arco a buena distancia. Estos requisitos se pueden distribuir con puntos extra al subir de nivel, o bien usando equipamiento que suba según que atributos, o todos a la vez.


El tema de la magia es curioso. Puedes usar pergaminos de un solo uso de magia, que normalmente no tienen un requisito tan alto. O puedes conseguir los tomos de dicha magia y aprenderlos para siempre, y hasta donde se, usarlos una vez aprendidos incluso si tienes menos magia de la requerida.
Y eso es, en bastante resumen, un poco como va el juego. Ya vais con más información que yo cuando entré a jugar por lo menos.
Acto 2: 27 punches de loot y 40 stacks de ácido, la creta.
Este juego me produce varias sensaciones, vayamos una a una por ellas si os parece y así yo relleno entrada y vosotros leéis más tiempo, lo cual es bueno sobre todo si lo hacéis en horario laboral.
En primera y más honesta instancia, me creó miedo. El juego realmente no es ni mucho miedo de horror ni nada, pero pongámonos un segundo en situación: Te metes en un subterráneo oscuro, lleno de sonidos raros y crepitantes, sin luz apenas y donde fácilmente una veintena de monstruos te emboscan en cada esquina, cada uno capaz de vaciarte la vida en un segundo como hagas click mal. A mi sinceramente me daba pavor. Bien es cierto que puedes guardar y recargar sin problemas insitu, así que tampoco es que fuera el miedo por morir y perder el progreso, no.
Simple y llanamente te daba el mismo miedo que caminar por la calle a oscuras por si alguien te salía de un arbusto a ofrecerte un cigarro.
Todo son risas y jiji jaja cuando te cargas a los enemigos con dificultad, hasta que empiezan los enemigos a rango.
Por la virgen de Guadalupe, ¿quién demonios dirigió esto? ¿Ah? Ah. ¿Qué el director y Blizzard tuvieron discrepancias y el juego tendría que haber sido un CRPG como lo fue Fallout, y no un ARPG a tiempo real? Me pinchas y no sangro.
Os voy a explicar brevemente lo que es un CRPG como Fallout y lo que es un ARPG como Diablo:
En Fallout, tienes un tablero, básicamente. Son hexágonos, y cada movimiento en combate gasta 1 punto de energía. Los enemigos pueden actuar solo dentro de su turno mientras tengan puntos, y pongamos que si tienes tres supermutantes con armas a distancia, pueden dispararte, yo que sé, unas 5 veces en total dentro de sus turnos. Al final del día, como buen erre pe gé que es, pues va por turnos. Hasta ahí entendemos, ¿no?
En Diablo, el mundo también se comporta un poco como un tablero, pero no hay turnos. Si un enemigo dispara una vez por segundo, ya puedes rezarle al Dios que sigas porque creeme que estará ininterrumpidamente disparando. Además, Diablo tiene una cosa muy graciosa: Pueden atacar y moverse prácticamente a la vez, así que no es extraño entrar en una habitación llena de arqueros y que cuando intentes acercarte a cualquiera a calentarle el hocico, huyan de ti y no puedas alcanzarlos hasta que decidan quedarse en una esquina. Y ahí ya puedes ser rápido eh, porque si le das un par de golpes y no te lo cargas, se vuelve a pirar.


Todo eso mientras los otros veinticinco arqueros te disparan como si fuera esto el asedio a Troya. Bueno, si tienes suerte y un escudo todavía puede que pares alguna flecha tonta, pero nada.
Yo no descubrí la dificultad de Diablo hasta que llegué al primer piso de las catacumbas y me las vi con los arqueros faunos. La gracia de este juego es básicamente tirar de pociones hasta que lo que sea que te estás cargando muera antes que tu. Bueno pues tuve que huir despavorido porque entre que no me soltaban pociones y que no me quedaban de las mías, era perder el 75% de la vida en lo que perseguías a un arquero.
Pues claro, eso empezó en el primer piso de las catacumbas (piso 5) y siguió así hasta fácilmente el último (piso 16). El resto del juego era divertido, os lo juro. Es muy divertido ir ahí, explorando las mazmorras, looteando todo lo que se mueve o se movió en algún momento, y equiparte (ahora voy con ello). Pero lo de los enemigos que entras en una estancia y parece esto el desembarco de Normandía, ya tal. Que claro, también mola porque te pueden disparar hasta desde donde no los ves, por lo que es muy común asomarte por una esquina y así de susto encontrarte unos 20 proyectiles que no solo vienen hacia ti, sino que en cosa de cinco segundos tienes a todos los enemigos delante tuya haciendo lo mismo pero a un palmo tuyo.
Es curioso, porque tus flechas o magias pueden no siempre dar, pero por norma general los proyectiles enemigos dan el 90% de las veces, así que aquí no hay tu tía. O llegas con casi todos los huecos del inventario con pociones, o duras tres enemigos y vuelta al pueblo.
Ahora quizás entendáis que según la visión original de su creador, Diablo I debería haber sido más como Fallout y menos como Diablo, pero bueno, trabajamos con lo que tenemos.
Vayamos con otra sensación: Agonía.
Equiparse, por ejemplo, si que es divertido de narices. Tristemente el juego no tiene un visualizador del daño que hacemos, pero es muy gratificante acercarte a un demonio y cortarle en dos de una hostia. El juego a veces te presenta con equipamiento con no todo positivo, pero es muy bueno con lo que te da, por norma general. Por ejemplo, mi build final era de tanque con atributos subidos y que podía intercambiar con un arco que literalmente me salvó el culo los últimos niveles del juego. Pero claro, por mucho que te de el juego, es triste ver que no hay fantasía de poder.
Puedes tener un arma que haga +200% de daño, y tener una probabilidad de acertar al enemigo de un 100%. Pero no pasa nada, vas a estar en un combate con una armadura infernal unos tres minutos porque por algún motivo, no eres capaz de darle ni una sola vez. Esto pasa, muy pero que muy a menudo. También está el problema de que no puedes salvo que uses magias golpear a más de un enemigo a la vez. Si vinieran de tres en tres dices bueno, vale. Pero muchas veces pueden venir de quince en quince, y no es nada agradable.
Por suerte para nosotros, nada que ponerse en una esquina de una puerta y hacerle el corredero de la muerte no pueda arreglar.
Pero el juego es tedioso, te hace regodearte en la agonía de la repetición y de las muertes estúpidas. Puedes tener todo el equipamiento del mundo, ir a nivel máximo, y es que todavía te parten la cara donde sea. Hay una zona en concreto que recuerdo, juraría que era el nivel 8 de las catacumbas. Abres una puerta y hay unos 15 escupidores de ácido, más uno en concreto que es más fuerte. Da igual la armadura que tengas, o tienes suerte y los vas sacando uno a uno o es literalmente imposible.
El inventario también ayuda, porque parece grande hasta que llevas dos espadas que te has encontrado y una túnica, casi que ya has llenado todo. Además, alguien tuvo la ingeniosísima idea de que el dinero ocupe espacio. Pero no un único espacio, no. Cada 5k de oro es un espacio. Parece mucho oro, hasta que muchos enemigos te sueltan 300, y entre que vendes cosas y tal vas acabando teniendo que dejarlo en el suelo si quieres poder tener espacio para más pociones. No he llegado a entender muy bien por qué.


La última sensación que quiero destacar es la de sentirse perdido.
Mi hermano en cristo, Diablo es brillante en lo que respecta a hacer que te pierdas que flipas. Sus mapas son absolutos laberintos donde no se ve nada, y cada esquina esconde enemigos, secretos u oro. Pero claro, no tienes mapa de cada planta. O bueno, si que lo tienes, salvo que lo cartografías tu mismo. Son niveles muy pero que muy grandes, con paredes que a lo mejor se franquean de una punta a otra, con puertas que se abren y que no te dejan ver qué hay dentro hasta que te asomas.
Yo ya sabía que mi objetivo principal era llegar a lo más profundo y partirle la madre al tonto que pillara, pero el juego tiene misiones. Son secundarias y lo que dan suele ser la posibilidad de comprar mejores elixires, piezas únicas con muy buenos atributos, y cosas así. Pero claro, salvo lo que te dicen en persona los que te piden la misión, no tienes ninguna información más. Os pondré dos ejemplos.
Hay una misión que te pide el tabernero que es ir a recuperar la placa de la taberna. No te dice donde ni en qué piso está, pero por suerte para nosotros está donde se baja a otro nivel, por lo que es imposible no pasar por ahí. Hasta ahí vale, pero porque de nuevo estaba muy bien situada.
Ahora bien, tienes otra que es la de las setas negras. En el primer piso de las cuevas, si matas a un enemigo creo recordar, encuentras un tomo sobre setas y fungi. Nadie te dice nada, pero se supone que tienes que dar por hecho que se lo tienes que llevar a la bruja a las afueras del pueblo. La bruja lo recibe, y te pide ir a por unas setas que posiblemente pasaste en las cuevas. Vas, las recoges y se las lleva. Te da las gracias, y te dice algo que el curandero necesita. Hablas con el y te pide el cerebro de un demonio para fabricar un elixir.


¿Qué demonio?
¿Vosotros lo sabéis?
A día de hoy, sigo sin saber cual es ese demonio del que hablaba. Mis amigas, las de la intuición, me dicen que probablemente sea aquel demonio escupe-ácido que dispara a la velocidad de una metralleta moderna, pero casi que mejor que no gracias.
Hay un log de misiones, pero tan solo te dice el texto que el último NPC te haya dicho. O guía o buscas incansablemente, no hay otra. Está muy en línea con juegos de su era en no ser exactamente unos con la prisa, por así decirlo. Espera que te tomes tu tiempo para resolver el problema como veas necesario y posible, o que llames a una de esas líneas de ayuda por teléfono que nunca llegué a vivir, al menos hasta donde yo se.
¿Es frustrante? Si, un poco. Pero está en la línea de lo que el juego ofrece, no debería sorprenderte. Es como ir a la Tagliatella y sorprenderte de que pongan cosas italianas.
Acto 3: Diablo, la ñapa, la sebolla.
Diablo I es definitivamente un juego guay. ¿Hijo de su época? Por supuesto. Es tan hijo de su época que tuve que cambiar de ratón porque el que tenía generaba lag en el juego y estuve así jugando dos tercios del mismo. Hijo de su época en que te quedas ciego jugándolo, el audio quema el altavoz y tiene cosas menos orgánicas que una obra brutalista.
Tiene sus taras de mal diseño, por supuesto. Lo que comentaba antes de los enemigos de rango, lo increíblemente pequeño que es el inventario o el problema del dinero. Pero seamos sinceros, ¿Qué juego de aquella época es perfecto? No respondáis, ya os lo digo yo: Ninguno.
¡Lo que si que es es muy divertido! No es un Diablo-like en el sentido de la palabra porque esta no sería la base. Lo que más tarde llegaría a ser ese término de juego que conocemos así es una mezcla de lo que funcionó bien en Diablo I y se pasó a Diablo II, más el contenido de este. Diablo I se parece más a un Dungeon Crawler que a otra cosa. Es decir, cosas como Darkest Dungeon, Legend of Grimrock o Grimdawn.
Es muy excitante ir por ahí, metiéndote en lo profundo y oscuro, manejando tus recursos y devolviendo al infierno al ser que se te haya puesto delante. El equipamiento, aunque nada del otro mundo en lo que yo he podido probar, es algo interesante y que te deja distribuir tu manera de jugar a lo que más te convenga, dado que tengas las herramientas y los puntos en su sitio correcto. La ambientación va dura de cojones, es un juego de Dark Fantasy de los que molan, de los que dices «Buah, como mola todo. Super gótico y nada culón». Y sorprendentemente tiene Lore, otra cosa es que yo me haya parado a leerlo porque mayormente va ligado a esas misiones secundarias que al no ser obligatoria ninguna, pues son fáciles de omitir y olvidarlas.
Los diálogos tienen peso y se nota que están bien ubicados. Si un personaje quiere transmitir curiosidad, miedo o locura, por norma general tiene una buena probabilidad de conseguirlo. Escenas hay más bien pocas porque, ¿para qué? Las escenas son para los cineastas, aquí venimos a jugar. Tristemente a mi parecer le faltan numeritos.


Numeritos, si. Ya sabes, cuando pegas una hostia a mano abierta y sale que has hecho 25 de daño. Los enemigos tienen un sistema por el cual cuantos más matas, más sabes de ellos. Sus resistencias, inmunidades y puntos de vida. Pero claro, nunca tienes nada visible que te indique cuanto daño le has hecho o cuanta vida la queda. Ayudaría saberlo, porque en más de un combate he estado un minuto de reloj machacando el clic izquierdo sin saber si siquiera le estaba acertando los golpes.
Es también muy curioso ahora que recuerdo porque el tio puñetero tiene generación automática de misiones y mapas. Básicamente, podemos tener una u otra misión secundaria, está creado de forma que cuando inicias el juego, el mismo selecciona aleatoriamente uno de los caminos de misiones. De la misma manera, cada piso está generado automáticamente, por lo que la experiencia personal puede diferir mucho con la de otros jugadores. En el 97, nada pero que nada mal.
En resumidas cuentas, Diablo I no es para los frágiles de espíritu. No es un «Diablo» al uso tal y como los conocemos hoy, aquí no tenemos habilidades, transmutaciones de objetos, forjas, oleadas o yo que se qué. Aquí tenemos clic izquierdo y los pantalones hasta el sobaco. Es divertido de narices, pero solo si tienes la paciencia que requiere su desastroso diseño de niveles, sobre todo una vez llegas al infierno.
Acto 4: Vale por un montaje de huerto.
En fin, eso ha sido mi ratito dedicado al DIAAAAAAAABLO. Francamente, no esperaba divertirme tanto limpiando mapa con mi rol de exterminador de plagas infernales.
Jugar a esto me deja con ganas de (un poco más adelante) probar un verdadero Diablo con Diablo II, pero ya iremos viendo como y cuando lo juego. Estoy pensando en montarme máquinas virtuales en el ordenador para poder jugar en el salón a cosas retro porque por norma general, las cosas van hasta mejor en su sistema operativo correspondiente que abriéndolos en Windows 10.
¿Qué me contáis vosotros? Quizás esta no es la reseña de 4 de mayo que cualquiera se esperaría. Soy tan fan de Star Wars como el que más, pero no tengo en mente nada de Lucasfilm que jugar ahora mismo relacionado con la Guerra de las Galaxias. Por lo pronto quiero investigar un poco porque me apetece jugar mucho a un juego de PS1 que es un RPG pero también es un juego de carreras, pero lo que quiero investigar en concreto es ver si ya puedo permitirme pasar de los CDs, o si aun me toca ir a por unos cuantos para grabar. Algún día de estos esto se acabará.
Pero no será por emular.
Es medio broma medio no. Debido a que salió la expansión de Diablo IV, alguien recordó e hizo la broma con el 30 de abril de Metal Gear Solid 2. Debido a esa broma, me di cuenta que justo también se estrenaba El Diablo viste de Prada 2, que es un absoluto peliculón y se merece todos los Oscar de este año, y los del año que viene. Id a verla. Ya.
Espero que tengáis un excelente comienzo de mayo y que si sois de Andalucía, por favor, votad bien. En lo que a mi respecta, por fin tengo todas las cortinas de la casa y puse unos cuadros y vinilos muy guays por toda la estancia. Se me está quedando una casa chula rechula, la verdad sea dicha.
Ah sí, intenté grabarme leyendo el post anterior de Nier. No, simplemente no. Lo siento mucho, llevo mucho sin A) Leer un guion y B) Grabándome en audio. Me da como mucha tirria escucharme, y eso viene después de intentar por todos los medios posibles usar una voz mía propia entrenada en local hasta incluso Loquendo. Ya encontraré algo en el futuro, pero por ahora os toca leerme. No podréis escucharme mientras conducís al trabajo y lo último que oigáis antes de despeñaros sea yo gritando «¡Ay caramba!»
Portaos bien, y nos vemos más adelante. ¡Chao!









